Año Viejo / Old Year

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Long Version

Old Year

In Ecuador, Año Viejo is a fiery tradition that symbolically burns up the failures, regrets and anger of the old year in order to usher in the hopes and resolutions of the new one. On the last day of the year, people construct effigies that might represent an irritating person, a disliked political figure, or even disappointment about past mistakes or unachieved goals. A handwritten note is pinned to the dummy explaining why it must be burned and what changes and improvements are desired for the coming year. Then, to a chorus of cheers and clapping, the effigy is thrown into the street and burned to ashes. Although the origins of this custom are murky, many believe it dates back to a particularly virulent yellow fever epidemic that required the mass burning of corpses.

When my wife and I were studying Spanish in Quito, we had an opportunity to participate in this custom. The teachers and students at our school teamed up to create an effigy. We collected old clothes for the body and stuffed it full of crumpled newspaper. We put a wooden dowel down its back so the dummy could face impending immolation with a stiff spine. A cottage industry existed on the streets for making expressive masks, and at only 99 cents per mask we choose this option. As our effigy neared completion, our teachers said that we students could benefit from an exorcism, and suggested that we confess our sins and promise better behavior for the new year.

I was elected to enumerate our failings and our resolutions. At the time I was frustrated with the laziness of many of the students in our school. And so, for them I wrote, "I was a bad student. I never studied much. I never did the homework that my professor gave me. I always spoke in my own language. For my sins my professors have decided to burn me up. I promise to be a good student in the next life!" We pinned our missive to the effigy and took him outside. As the flames claimed him, we laughed and said we would all try harder tomorrow.

Walking back to our apartment later that day, we encountered the smoldering remains of dozens of effigies in the streets. Laughter, cheering and honking horns were the sounds of the evening. Even the security guards in our building had an effigy they were saving for a midnight bonfire. As the new year approached, we realized the hopes and regrets expressed by the Ecuadorians were not so different from those of our own countrymen.

Año Viejo

En el Ecuador, la fiesta de Año Viejo es una antigua tradición en la que simbólicamente se queman los fracasos, penas y enojos del año pasado para dar la bienvenida a las esperanzas y resoluciones del año que entra. En el último día del año, la gente hace muñecos que representan a individuos que los irritan, a políticos antipáticos, o aún a desilusiones por errores cometidos o metas no alcanzadas. A los muñecos se prenden notas que explican por qué estos deben quemarse, y qué cambios y mejoras se desean para el año nuevo. Después, en un coro de aclamaciones y aplausos, el muñeco se tira en la calle y se quema hasta que no queden más que cenizas. Aunque los orígenes de esta costumbre se pierden en el tiempo, muchos creen que se remonta a una terrible epidemia de fiebre amarilla que exigió la quema masiva de cadáveres.

Cuando mi esposa y yo estudiábamos español en Quito, tuvimos la oportunidad de participar en esta costumbre. Los profesores y alumnos de nuestra escuela se unieron para hacer un muñeco. Recogimos ropas viejas para el cuerpo y lo rellenamos de papel periódico estrujado. Le metimos una vara en la espalda para que afrontara las llamas con la frente en alto. Por sólo 99 centavos compramos en la calle una careta muy expresiva. Cuando el muñeco estaba casi hecho, nuestros profesores dijeron que a los alumnos nos vendría bien un exorcismo, y sugirieron que confesáramos nuestros pecados y prometiéramos comportarnos mejor en el año nuevo.

Fui electo para enumerar nuestros fracasos y resoluciones. Yo me sentía muy frustrado con la pereza de muchos alumnos de nuestra escuela y para ellos escribí: "Fui un mal alumno. Nunca estudié lo suficiente. Nunca hice los deberes que mi profesor me asignó. Siempre hablé en mi propio idioma. Mis profesores han decidido quemarme por mis pecados. ¡Prometo ser buen alumno en mi próxima vida!" Le prendimos el mensaje al muñeco y lo llevamos afuera. Mientras las llamas se lo llevaban, nos reímos y prometimos que mañana nos esforzaríamos más.

Caminando de regreso a nuestro apartamento más tarde ese día, vimos los restos humeantes de docenas de muñecos en las calles. Risas, vítores y bocinas de automóviles sonaban en el anochecer. Hasta los guardias de seguridad de nuestro edificio habían hecho un muñeco que guardaban para quemar a medianoche. Al acercarse el año nuevo, nos dimos cuenta de que las esperanzas y penas de los ecuatorianos no son tan diferentes de las de nuestros compatriotas.

Comprensión

  1. ¿Qué día se celebra el Año Viejo?
  2. ¿Cómo es el ambiente en las calles durante la fiesta de Año Viejo?
  3. ¿Por qué se queman los muñecos?
  4. ¿Qué o a quién puede representar un muñeco?


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