Correr con los tarahumaras / Running with the Tarahumara

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Long Version

Running with the Tarahumara

As an ultramarathoner, I have participated in many races on trails that wind through the rugged, mountainous terrain of the western United States. At the start on my first 100-mile race, I noticed a group of men dressed in loose-fitting white cloth shorts, serapes, patterned red headbands, and huaraches that appeared to be homemade. I soon learned that these men were the legendary Tarahumara from the Copper Canyon area in the state of Chihuahua, Mexico.

The Tarahumara live a simple subsistence life, growing corn, beans and squash, and rounding out their diet with a few goats and chickens, small game, fish and herbs. They refer to themselves as "Rarámuri," which translates roughly as "runners." Long distance running is a pillar of their cultural identity, and has evolved into a game called "rarajipari," in which teams of runners kick a small wooden ball over distances of 50 to 100 miles in competitions that may last for two days. They compete barefoot and refuel with water and ground corn.

I thought about all of this as I organized my energy gels and power bars, wearing my synthetic fabrics and 100-dollar running shoes. I was already in awe of them before the race began. Twenty miles into the race, I came across a Tarahumara sitting beside the trail.

"Are you okay?"

"Yes, just fixing my huarache ."

I met another during a long steep climb that reduced us to a steady plod.

"How are doing, friend?"

"Fine, although I find the climb hard at this altitude."

Many hours later, at about mile 80, as I was struggling up the last big climb, I was passed by another Tarahumara, his serape billowing behind him as he seemingly floated up the mountain.

"You're looking strong, man."

"Thanks, I'm feeling pretty good."

I finished about dawn, and as I sat recovering I was surprised to see the same man limping slowly towards the finish line, nursing a horrible looking gash on his knee. I had passed him in the dark without noticing him.

"That looks bad. What happened?"

"Oh, I fell hard on some rocks, but I'm okay, I finished."

I felt grateful that my heath allowed me to finish the grueling race, and to do it in the company of such great runners. I believe we modern humans are only here because of our predecessors, who had to run in order to catch food to avoid becoming another creature's meal. I felt united with these men as I gave silent thanks to our fleet footed ancestors for our presence that day on the earth.

Correr con los tarahumaras

Como corredor de ultramaratones, he participado en muchas carreras por senderos que serpentean a través del terreno montañoso y accidentado del oeste de Estados Unidos. Al comienzo de mi primera carrera de 160 kilómetros, noté un grupo de hombres que vestían pantalones sueltos de tela blanca, sarapes, cintas rojas en la cabeza, y huaraches que parecían hechos en casa. Pronto supe que los hombres eran miembros del legendario pueblo tarahumara, de la Sierra Madre Occidental en el estado mexicano de Chihuahua.

Los tarahumaras viven una vida sencilla y su economía es precaria: cultivan maíz, frijol y calabaza. Suplementan la dieta con algunas cabras y pollos, pequeños animales de caza, pescado y hierbas. Se llaman a si mismos "rarámuri", que significa "los de los pies ligeros". Las carreras de larga distancia son uno de los ejes de su identidad cultural, y han evolucionado hasta convertirse en un juego llamado "rarajipari". El "rarajipari" es una carrera durante la cual se patea una pequeña bola de madera por distancias que oscilan entre 80 y 160 kilómetros. La carrera puede durar hasta dos días. Los corredores compiten descalzos y renuevan sus energías con agua y maíz molido.

Yo pensaba en todo esto mientras organizaba mis barras de energía y alimentos especiales, vistiendo telas sintéticas y zapatos de cien dólares para correr. Ya sentía gran respeto por los tarahumaras antes de comenzar la carrera. A los 32 kilómetros del arranque, encontré a uno sentado a la orilla del camino.

"¿Estás bien?"

"Sí, sólo estoy arreglando mi huarache".

Alcancé a otro durante un largo, empinado y laborioso ascenso.

"¿Cómo te va, amigo?"

"Bien, aunque el ascenso es difícil a esta altura".

Muchas horas después, como a los 129 kilómetros, yo luchaba por vencer el último ascenso cuando me pasó otro tarahumara. Su sarape se hinchaba tras él y parecía flotar montaña arriba.

"Hombre, luces muy fuerte".

"Gracias, me siento bastante bien".

Terminé cerca del amanecer. Al sentarme para recuperarme, me sorprendió ver al mismo hombre cojeando hacia la recta final, protegiendo un terrible tajo en la rodilla. Yo lo había pasado en la oscuridad sin percatarme de él.

"Eso luce feo. ¿Qué pasó?"

"Caí duro sobre algunas piedras, pero estoy bien. Ya terminé".

Me sentí agradecido de que la salud me permitiera concluir la agotadora carrera y de haberlo hecho en compañía de grandes corredores. Creo que los seres humanos modernos estamos aquí sólo gracias a nuestros antepasados, que tuvieron que correr para evitar convertirse en el alimento de otras criaturas. Me sentí unido a estos hombres al agradecer en silencio a nuestros veloces ancestros nuestra presencia en la tierra este día.

Comprensión

  1. Describa la sencilla vida de subsistencia de los tarahumaras.
  2. ¿Qué nombre utilizan los tarahumaras para referirse a sí mismos?
  3. ¿Cuánto tiempo puede durar el juego de "rarajipari"?
  4. ¿Qué calzan los corredores durante la competencia?


Running with the Tarahumara

Running with the Tarahumara